Las previsiones de enero de 2019 se han ido cumpliendo de manera moderada y el sector inmobiliario en España crece en este año. Esta tendencia, que ya comenzó en 2018, ha hecho sonar las alarmas por doquier y muchos analistas alertan ante una nueva burbuja inmobiliaria. Pero, ¿es cierto que estamos en fase de crear una nueva situación como la de 2008?

Lo primero que debemos tener en cuenta es que hablamos de crecimientos moderados que están cerca del 5% en 2018 y que no pasarán del 4% en 2019. Un crecimiento articulado por la oferta y la demanda que no dispara la especulación aunque sí un ligero aumento de precios, tanto en la venta como en el alquiler. Sin embargo el crecimiento está más favorecido por el número de transacciones que por causa del precio.

Las inmobiliarias en Tenerife, al estar ubicadas en un ámbito geográfico de fuerte presencia turística, con la presión ejercida por el alquiler vacacional, incluso teniendo en cuenta el continuo cambio de normativas, cada vez más estrictas con este nuevo sector turístico, viven más intensamente estos cambios.

Si bien desde el punto de vista del derecho a la vivienda se señala como un factor negativo, desde el punto de vista del pequeño propietario e inversor (y hablamos, por ejemplo, de la abuela que tiene dos apartamentos en el Puerto de la Cruz), el alquiler vacacional tiene virtudes (y ciertas garantías) que no le ofrece el alquiler residencial. Como una mayor rentabilidad en un nivel de explotación óptimo. O la no vinculación con inquilinos permanentes y el riesgo que ello supone.

Lo que estamos viviendo hoy es un cambio, una mutación del mercado, empujado por la demanda de viviendas. Los pequeños propietarios, especialmente, son reacios al alquiler residencial y han encontrado en el alquiler vacacional una oportunidad. Esto ha provocado que en zonas como Tenerife la oferta de casas en alquiler haya bajado y, por lo tanto, los precios hayan subido. Al mismo tiempo la demanda de compra de propiedades también sube. En grandes ciudades y capitales esta demanda está muy por encima de la oferta existente, generando ese alza en los precios.

Pero no hay un ritmo especulativo. No se ha disparado la promoción o la construcción. Ni tampoco hay movimientos de grandes capitales acaparando propiedades (de hecho la Banca no sabe como deshacerse de su enorme stock). Los precios suben manteniendo una relación con la capacidad de pago de los compradores y de manera paralela a la mejoría económica del país. Además, la Banca es más exigente a la hora de conceder préstamos hipotecarios y estos son más realistas dado que se han puesto bajo estricta vigilancia las tasaciones, que en origen determinan cuánto dinero te podrá prestar el banco.

De hecho, si renuncias a vivir en el centro de los principales núcleos urbanos y te alejas de las zonas turísticas, los precios se han mantenido constantes e, incluso, en algunos casos, han bajado.

Concluyendo, NO hay nueva burbuja inmobiliaria. Lo que hay es una fuerte presión de la demanda en zonas concretas (turísticas y núcleos urbanos importantes) que ha favorecido un incremento del precio y una menor disposición de propiedades.